Me levanté con la intención de hacer un cambio trascendental en mi vida..., y así me dirigí al centro ZEN que esta cerca de mi casa para practicar meditación y así bajar mi nivel de estrés.
Llegué al lugar y allí me indicaron un sitio donde estaba la ropa (una como capa o camisón de mangas grandes que va sobre la ropa que uno lleva) y los safu o almohadones pequeños para sentarse.
Antes de ingresar al DOJO nos explicó el maestro Toshiro que debíamos hacerlo con pie izquierdo y realizar una reverencia y que en algunos lugares incluso la puerta de ingreso es baja para obligarla. Al salir debíamos saludar de nuevo y retirarnos pasando el pie derecho primero.
Hasta ahí todo fácil.
Lo intenso vino después:
Sentado
el en posición de Loto nos explico que en la tradición hindú se practican varios asanas hasta llegar al loto, pero en el zen..., no, no señores, ellos son TON, hacen las cosas de golpe, de manera abrupta. Por eso, si no podías hacer la posición de loto de entrada o al menos un mísero medio loto no merecías estar en el DOJO (el dojo se ofende fácil), y si bien no hay nada sagrado en zen al punto de que ellos queman las imágenes de Buda de vez en cuando, hay cosas con las que no se transige.
Después contó algo del origen, de un emperador que teniendo todo al pasear por su jardín dio con dos moribundos y un enfermo y eso lo abrumo al punto de ponerse a pensar en posición de loto todo un día hasta que le llegó la iluminación.
Luego eligieron como distintivo un rectángulo pequeño con tiras que se cuelga como un pequeño delantal sobre el pecho y era realizado con las telas más humildes, como aquellas que se elegían para la regla (piensen que acá no se le dice así a la menstruación y yo no capte de entrada la idea).
Y esta tela al final era tan poderosa que un cuento decía que un dragón le pidió a un maestro protección para su familia y este le dio un hilo de ella y solo con eso el Dragón salvo a los suyos..., linda la historia.., severo el DOJO pensé.
Pero falta lo mejor..., después de decirle a los que no podían hacer siquiera medio loto que se retiraran fuera del dojo a practicar la meditación (se sentaron en un pasillo cerca nuestro) a los demás nos dijo que nos sentáramos en el safu. Haciendo posición de loto y tocando con las rodillas el suelo, espalda rec
ta, hombros bajos, mirada en 45 grados, mano izquierda sobre palma de mano derecha y pulgares tocándose, nada de pulgares caídos o demasiado elevados, debía ser perfecto, cola hacia afuera "como si el ano quisiera mirar al cielo" dijo ¿????.
Y Nada de dejarse vencer por el sueño.
Silencio absoluto y mirando la pared, si te pica la cara, no te podes rascar, si te sentís mal, te aguantas que nadie se muere hombre...,
Y empezó todo, sin dar oportunidad de irse.
Me dolían terriblemente las piernas, quería irme pero no podía hacerlo ya que no puede interrumpirse el ritual por nada
.
Una hora interminable en donde solo pensaba "que el gordo toque la campana y se acabe esto". Y recordaba la tasa de suicidio de japoneses.
Aclaro que nadie nos dijo lo que duraba y que todo el tiempo era así.
En mitad de la meditación escucho un fuerte PLAF PLAF, era el maestro que golpeaba en los hombros a quienes no estaban bien sentados. (No podías mirar porque debías seguir mirando la pared en ángulo de 45° la vista)
En seguida alinee mi columna antes de recibir un golpe de vara. Que según el lo da en puntos de acupuntura en el trapecio, pero no tenia ganas de recibir eso por más correctivo terapéutico que fuera.
Al terminar vino el ritual de cierre, manos juntas inclinarse, arrodillarse tres veces en el suelo y palmas hacia el cielo.
Y luego recitar un haiku creo, y como agarre mal la hoja no sabia que decir hasta que alguien la volvió y allí estaba la poesía correcta, en japonés obvio y no sabía por donde continuar.
Del dolor en mis piernas no creí poder levantarme, incluso a mitad de la meditación pensé fingi
r un desmayo para librarme de eso, aunque no me atendieran me quedaría tirada en la alfombra descansando.
Pero hasta le dijo a dos personas que se quedaran quietas porque le faltaban el respeto a los demás¿¿¿¿???? Y el dolor? Pensaba yo.
"El cuerpo debe estar tenso como el de un general japonés en su caballo", si pero al menos el no tiene las piernas dobladas replicaba en mi mente.
Antes de salir le pagamos al maestro japonés del DOJO y lo mejor fue su frase de despedida..., "hoy lo hicimos así porque son nuevos, pero esto es una mariconada, la meditación dura dos horas" mientras pitaba su cigarrillo... muy zen el señor japonés y cobraba.
Salí de ahí rápidamente prometiéndome no volver y yendo derechito a anotarme en yoga.., prefiero las "mariconadas" de los hindúes si así quiere llamarlo, de empezar suave y respetando el cuerpo hasta llegar a lo más elevado.
Aclaro que esta fue mi experiencia y seguro en otros DOJO es distinto pero por las dudas no vuelvo a intentar lo zen.
