
Es la ley de la vida que cada vez que se cierra una puerta, se abre otra.
Lo malo es que con frecuencia miramos con demasiado ahínco hacia el pasado y añoramos la puerta cerrada con tanto afán, que no vemos la que acaba de abrirse.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino,
retrocede para seguir avanzando hacia el mar;
se equivoca el agua que, por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta;
se equivoca la que por no morir bajo la tierra renuncia a la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya por distintos caminos para alcanzar su meta;
se equivoca el que por temor a equivocarse no camina.
No se equivoca el pájaro que ensaya el primer vuelo y cae al suelo;
se equivoca el que por temor de caerse renuncia a volar y no abandona el nido.
Creo que al final del camino no te premiaran por lo encontrado, sino por haber buscado honestamente;
y no te castigaran por lo no encontrado, sino por no haber buscado."

