A veces cuando estoy sola y desanimada escucho música, (soy bastante ecléctica en mis gustos), o miro alguna serie que me guste y alegre como Seinfeld, incluso me aniño y veo sin pudor dibujos animados.
O una película de mi pequeña colección, acompañada por una buena copa de vino Malbec o Cabernet Sauvignon de mi hermoso terruño.
A veces dibujo a lápiz o carbonilla enchastrándome los dedos de negro.

En ocasiones prefiero leer algún libro de cuentos o poesías. Saco fotos que luego borro en la búsqueda de un logro artístico que me satisfaga…, pero la mayoría de las veces solo escribo. Puede ser personal o ficción, aunque la ficción siempre lleva algo mío. Nada publicable, nada para exposición, pues no es la finalidad, solo busco placer.
Y cuando nada de es o se puede, en ocasiones una barra de chocolate también puede hacer su aporte a los sentidos.


Placer del chocolate

Un cuadrado oscuro de chocolate
tiene para los dientes
el mismo efecto sensual
que el lodo en los pies traviesos de la niñez.
En la lengua, la densa materia oscura
suelta saliva en rojos cauces.
El chocolate se disuelve en dulce espeso fango
cuando lentamente se acarician los bordes
hasta que la tableta en la cavidad cálida
suelta aromas recuerdos y flores
en las distendidas papilas.
Ríos de chocolate
atraviesan encías y resquicios dentales
y el placer —que uno sabe fugaz—
da sus vueltas atrapado en la boca.

Devoro chocolate ahora que no te tengo
para, lícitamente y sin culpas,
abandonarme al erotismo.

Comiendo chocolate pienso en tu piel a mordiscos
pienso en tus piernas
tus pies
pienso en los manjares suculentos
de la vida.
Gioconda Belli