Anoche soñé con besos.

En realidad fue mi último sueño de la mañana.

Dos hombres había en esta construcción onírica que me querían. Uno estructurado, sólido, serio, confiable. El otro no sé…, pero este se me acercaba y me besaba para que me decidiera por él.

Era un beso intenso, profundo, apasionado. Sus labios sobre los míos invitaban a la exploración y la entrega.

Y ahí luego de ese único beso yo miraba al otro hombre sabiendo cual era mi elección.

Besar siempre ha sido mi predilección. Ser besada en todas las variantes que existen del beso es mi debilidad, por lo que no es difícil imaginar que hombre elegía.

Y en eso me quedé pensando al despertar.

Los besos.

Los psicólogos los relacionan con la oralidad y esa primitiva etapa de nuestras vidas.

Los poetas no pueden mencionarlos sin ligarlos con el amor o su contracara…, el desamor.
Los neurofisiólogos intentan diseccionarlo para entender los procesos químicos que se producen en nuestros cerebros gracias al beso.
Los sexólogos nos explican sus variantes y sus efectos. Los artistas plásticos tratan de capturarlos en sus obras.

Yo elijo sentirlos y darlos.