Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos, volando a la región donde nada se olvida.


Fragmento Unidad en ella Vicente Aleixandre, 1932-1933

Los orientales dicen que el cuerpo es un templo donde habita nuestra alma imperecedera y yo acuerdo con esto tratando a mi cuerpo con cuidado pero sin exagerar.

Leo las etiquetas de lo que compro y como con conciencia. Lo que no me impide darme gustos de tanto en tanto como algún alfajor, dulce de leche, chocolate o crema…, sin excederme. Incluso a veces me siento reflejada en la frase de José Sacristán ”Que alma tan exquisita en un envoltorio de pena”.

Pero lo cierto es que me preocupa como los medios insisten con un modelo de mujer muy difícil de alcanzar y que lleva a quienes creen en su mensaje a poner en riesgo la vida.

¡Si hasta se rodea de un halo romántico a la anorexia llamándola la enfermedad de las princesas!, algo que puede padecer cualquier chica de barrio. Incluyendo a los varones.

Yo quiero a mi cuerpo como es.., con sus imperfecciones y quiero a los otros cuerpos de la misma forma porque son templos de almas luminosas, amadas que se comunican conmigo a través de las miradas de ojos cafés, celestes, verdes, miel…, de manos trabajadoras y sinceras, blancas o morenas, grandes o pequeñas…, y de brazos que al rodearte te permiten sentir el calor de sus corazones.

Deberíamos emprender una campaña por la aceptación de uno mismo y del otro como es, cuidando por supuesto la salud.

Los invito a ver este breve video. Más allá de la marca el mensaje es lo que me importa.