Mis Borracheras
En mi vida sólo he tenido dos borracheras, una sin resaca posterior y la otra no lo recuerdo...,
Aconteció cuando vivía en Mendoza y no está mal que así sea porque es cuna de vinos de excelencia.
Ya Fue como una bofetada.
Aquí en el hemisferio sur las fiestas de fin de año transcurren al inicio del verano aunque el calor siempre se anticipa al almanaque.
Y una de las bebidas que los mayores preparan para refrescarse es el clericó, mezcla de frutas de temporada sumergidas en abundante bebida espirituosa.
Como sucede en toda reunión, al avanzar la misma la gente va migrando de la sala al patio, incluso en ocasión de fiestas como estas, salen a la vereda a sentir el frescor de la noche y compartir el festejo con los vecinos.
Y fue en esa ocasión que hallándome sola en la sala sin mirada adulta que continuara vigilándome, ví mi oportunidad y la aproveché. Subida a la silla metí mi mano en un vaso y comencé a comerme la fruta que ya había absorbido todo el alcohol..., se ve que me gustó porque comí lo suficiente como para que se dieran cuenta.
Cuando mi familia me buscó en la sala halló a la nena riéndose como una loca..., al principio no comprendieron hasta que vieron mi mano con restos de fruta..., por supuesto que todo terminó conmigo en el hospital y mis padres avergonzadísimos, mientras mis primos se morían de risa junto conmigo, porque no paraba de reír. Tenía 3 años. Empecé precozmente en los vicios...
La cuestión es que un día me dijo que debía hablar conmigo..., y me reconoció que hacía tiempo el había sido adicto y se había recuperado..., y quería que lo supiera por él.
Eso alcanzó para que decidiera terminar, en plena época del SIDA este salame no quería cuidarme y muy probablemente no se hubiera cuidado antes. Por mi cabeza pasaron desde las veces que debió tener relaciones sin cuidarse, porque no le gustaba, hasta la posibilidad de que convenciéndolo de que usara preservativo este se rompiera. Ni hablar de hacerse un estudio..., yo debía confiar en su palabra.
Un día tomé la decisión y terminé con el..., (seguía con lo de los bombones después de su confesión!!!!).
Por supuesto como soy yo fui súper amable..., traté de no lastimarlo y además no quería seguir en una relación que no iba a definirse (ambos seguíamos con nuestras posiciones sobre el sexo) y yo sentía que le hacía perder tiempo y generar ilusiones que no se concretarían.
Sinceramente no pensé que me quería..., hacía poco que salíamos y me conmovió como lo tomó y trato de convencerme.
Cuando nos despedimos me preguntó, con los ojos con lágrimas, que haría él con todo lo que había pensado decirme.
Nos despedimos y caminé varias cuadras..., y empecé a darme cuenta que yo también lo había empezado a querer.
Entré en un bar.
Y al mejor estilo Lauren Bacall me pedí un coñac. Aclaro que no acostumbro beber, no había comido en todo el día por los nervios..., y ya era la medianoche.
Al salir del bar, me percaté de mi paso algo zigzagueante, por lo que, tratando de mantener la compostura miré al piso como todo borracho que intenta disimular, y usé como guía la línea de las baldosas para mantener el paso recto, lo que también debió llamarla atención aunque no me diera cuenta.
Tomé el primer colectivo que vino, en una avenida por la que van decenas..., ¡podía haber terminado donde dobla el viento!, pero por suerte le atiné a uno que me dejaba a 20 cuadras de mi casa(tenía otro que me dejaba a la vuelta pero emboqué este).
Al bajar del colectivo me metí en una cabina de teléfono y llamé como ebria inoportuna a una amiga que estaba por abordar el avión rumbo a los lagos del sur...,
Pobre..., ella estaba desesperada porque no me podía ayudar y yo colgada del aparato solo le decía que me sentía como una rata porque le había roto el corazón..., todo esto con gente en las otras cabinas, como corresponde a estas situaciones.
Corté y enfilé rumbo a mi casa.
Fueron 20 cuadras que hice entre la gente, llorando con todo sus accesorios..., hipo, lágrimas a raudales, mocos, incluso en una calle, ya sin testigos, me apoyé en una pared y lloré a los gritos...
Esto es para que vean que las borracheras no siempre sientan bien.
Al día siguiente fui a Santa Rita a pedirle que le diera un amor que lo correspondiera como merecía y fuera muy feliz.
Y esa es la historia de mis dos borracheras.
A partir de ahí solo una copita de vino tinto de vez en cuando en una reunión y habiendo comido algo:)
Para los que se preguntan por este chico, está bien. Se casó y tuvo un hijo. Nunca nos volvimos a ver y así esta bien.
Y El y yo comimos perdices y fuimos felices pero con otras personas, las que de verdad nos complementaban, las que estaba escrito eran para nosotros.
Comparto con Ustedes un tangazo de Troilo interpretado por el gran Edmundo Rivero..., La última Curda.







la-bruja-del-ojuelo dijo
Da gozo leerte, aunque sea escuchando de borracheras. La primera, qué iba a hacer la nena?, comerse la fruta, pues no estaba tierna y buena, como esponja alicorada. Pobre criarura. La segunda, creo que el sofocón te bajó las defensas, y te subió el alcohol, a la cabeza claro. Podía haberse guardado la propuesta para otra ocasión o SI DA lo mismo, pues eso, la gomita.
Besos y abrazos Gaby.
17 Mayo 2007 | 11:31 PM