En días pasados en un abismo caí.

Caí en un barranco con zarzas sin frutas.

Me abismé en mi pena.

Cuando dejé de rodar me quedé sentada llena de polvo y rasguños

Rodeada de espinas y paredes escarpadas que con sus bordes filosos me desafiaban.

Eso activó viejos recuerdos. Otros desafíos que había superado.

Desiertos que atravesé, temporales que resistí y aunque mi alma pareciera tierra arrasada no me dí por vencida sostenida por la convicción de que luego algo bueno me esperaba.

Por lo que me puse de pie y miré hacia arriba.

Un retazo de cielo claro y brillante me invitó a subir.

Ahora estoy escalando. Aunque mis manos y mis pies sangren no me detendré.

Desde el borde unos brazos amorosos se extienden hacia mí.

Trato de tomarlos sabiendo que aún con su ayuda, la tarea ardua será mía. Y mía la victoria.

Dos morrales llevaba al caer.

El de mis penas y el de los objetos entrañables.

Ambos los llevo en mi ascenso, porque el origen de la aflicción no puede olvidarlo aunque quiera, pero puedo transformar eso en experiencia para avanzar encontrando mejores salientes.

El contenido del segundo morral me da fuerzas.

Allí están los Rosarios que me regalaron, el de palo de rosa de San Pío de Pietrelcina traído de Italia que me dio mi padre, y los de plata y oro que me dieron para mi confirmación.

Los libros de cuentos de mi infancia que conservé para cuando tuviera niños, especialmente ”El pájaro Belverde y otros cuentos” hermosa recopilación de Italo Calvino. Junto a el va Jo, mi heroína de la infancia protagonista de los libros Mujercitas y Señoritas de Louise M Alcott.

También llevo cartas de amor de Sergio, lapiceras de pluma que me regaló. Tarjetas, notas y cartas de amigos y demás seres queridos.

Algunas fotos…, las de mi boda, los viajes que tanto he disfrutado y disfruto, mi último cumpleaños, las de los graffitis dedicados a mi por entonces novio…, imágenes de mis afectos.

Llevo también sabores de manzanas y cerezas, perfume de jazmines, nardos y fresias, los colores de la mañana.

Abrazos que dí y me dieron y todos los que daré y recibiré.

La cara graciosa de mi perra, los paseos en bici, las tardes de octubre.

Puede parecer mucho, pero no pesa…, es parte de lo que alimenta mi deseo de salir, de estar bien.

Al llegar nuevamente arriba abriré los dos morrales, revisaré, reparé y construiré un nuevo proyecto de vida y recuperaré mis sueños.

Algo que ya aprendí es a decir lo que siento a quien debo hacerlo y no ser autosuficiente.

Y de a poco con la compañía de Sergio voy recuperando la alegría.