No desesperes si algo no anda bien

El día no habría podido comenzar peor.
Salí temprano rumbo a mi trabajo con la intención de hacer un alto en el trayecto y comprarle a alguien un detalle vinculado a mi reciente viaje.
Fue llegar al comercio que me descompuse.
Mi corazón iba a 125 y acelerando.
Unas cuadras antes había percibido el inicio de este proceso y había intentado detenerlo mentalmente tranquilizándome, pero a veces, se sabe, la autosugestión falla.
Y allí, a un paso de hacer la compra, giré en dirección a la avenida e hice señas a un taxi.
La suerte, de mi lado por un momento, hizo que en este instante de congestión en Buenos Aires una pasajera justo bajara donde yo necesitaba subir. Y así hice las tres cuadras en auto hasta la clínica.
En el 7mo piso de cardiología me hicieron los estudios acostumbrados y yo recité mi argumento ya aprendido de tantas veces ir.
Cuando estuve mejor me retiré.
Son los nervios nada más, una crisis de ansiedad, algo de estrés, cuídese. Y si estamos todos así en esta ciudad…
Insistí.
Volví al negocio, hice la compra y me dirigí al trabajo.
Antes había avisado que llegaría más tarde.
Ya en la oficina me dediqué a organizar la tarea de la semana y hablar con mi equipo... Faltando media hora llegó mi superior jerárquico con la almohada pegada a la cara.
Viendo que se estaba dedicando a hablar de tema políticos y no a lo que se vinculaba a mi sector le recordé que en media hora debía irme.
Su expresión cambió.
Pasó a tener lo que llamamos acá cara de tujes
Y empezó a fastidiar con pavadas. A hacer recriminaciones indirectas. Yo no armé el equipo quise decirle. Yo no tengo la culpa de los horarios de los demás. Vos lo armaste y yo lo heredé.
Le aclare mis horarios y amplísima disponibilidad que hace que este casi full time sin la paga acorde. Solo este día tengo un compromiso ineludible en otra labor.
Aún así me fui tarde de allí.
Con suerte abordé otro taxi y sin comer llegué al otro trabajo 10 minutos tarde.
Supongo que en todos lados los choferes serán iguales.
Este me vino de perlas para despotricar todo lo que quise contra mi superior jerárquico.
E incluso tomar algunas decisiones.
El día siguió con mucha labor. Pero con gente más agradable.
Salí de allí y volví por un rato a casa.
Estaba tan cansada que me quedé dormida en el colectivo y en una maniobra brusca del conductor al doblar una esquina, casi me caigo al suelo.
Ya en casa me recosté media hora que se hizo casi 1, me levanté con los minutos contados para subir a otro taxi y llegar al otro empleo donde doy un par de horas de clase.
Al terminar por fin el día laboral crucé el portón y salí a la calle.
Pasé por el puesto de diarios de una de los vendedores más amables que he visto y al que me estoy habituando a visitar para charlar de todo un poco, desde cuándo empezó en el oficio y como era el barrio en la época de su abuelo hasta las incomprensibles presencias de algunos personajes que no han hecho nada importante en las tapas de revistas.
Lo salude y con muchísimo mejor animo continué mi camino.
En lugar de tomar el colectivo decidí caminar las 15 cuadras que hay hasta mi casa.
La calle estaba hermosa.
Era una noche fría, como me gustan, y había mucha gente en las veredas aún. Y me sentí genial.
Ví vidrieras, crucé plazas, toqué árboles allí, llené mis pulmones con el aire gélido de junio, jugué a hacer columnas de vapor al exhalar..., escuché mis pasos y los sonidos nocturnos de la ciudad. Y antes de entrar en mi hogar alquilé un par de películas y compré unas flores.
Y mientras regresaba cantaba una canción que dice algo así como que ”no tengo dudas se que hoy es mi día, por eso yo canto, canto con alegría, canto esta melodía y la comparto con vos…”
Como no la hallé dejo esta otra que tiene un sentido vinculado a lo que fue pasando.
Podría haber seguido de malhumor. Podría haber permitido que la mañana convirtiera a toda la jornada en una porquería, pero elegí otra cosa.
Yo decidí que el día terminara bien.
En casa charlamos, cenamos en familia los ñoquis tradicionales y
con mi esposo después, ya solos en la intimidad de nuestro hogar, nos dedicamos el uno al otro, con tiempo, como dos artesanos..., dejando los agobios y enojos fuera de la casa.
Hoy puede ser un gran día.
Plantéatelo así,
aprovecharlo o que pase de largo,
depende en parte de ti.
Dale el día libre a la experiencia
para comenzar,
y recíbelo como si fuera
fiesta de guardar.
No consientas que se esfume,
asómate y consume
la vida a granel.
Hoy puede ser un gran día,
duro con él.
Hoy puede ser un gran día
donde todo está por descubrir,
si lo empleas como el último
que te toca vivir.
Saca de paseo a tus instintos
y ventílalos al sol
y no dosifiques los placeres;
si puedes, derróchalos.
Si la rutina te aplasta,
dile que ya basta
de mediocridad.
Hoy puede ser un gran día
date una oportunidad.
Hoy puede ser un gran día
imposible de recuperar,
un ejemplar único,
no lo dejes escapar.
Que todo cuanto te rodea
lo han puesto para ti.
No lo mires desde la ventana
y siéntate al festín.
Pelea por lo que quieres
y no desesperes
si algo no anda bien.
Hoy puede ser un gran día
y mañana también.






la-bruja-del-ojuelo dijo
Hiciste bien, Gaby, actuando así una vez en casa. Las tensiones diarias, de ocupaciones y trabajos, nos llenan de tensiones, que en muchas ocasiones nos llevamos a casa y allí explotamos, pagandolo quienes no deben. Explotemos fuera, y llevemos ese aire y esa tranquilidad, que con un paseo como el que tu hiciste....o con otra serie de pretextos, debe relajarnos, es bueno para un@, y estupendo para los demás.
No consientas que se esfume,
asómate y consume
la vida a granel.
Hoy puede ser un gran día,
duro con él.
Yn beso, preciosa.
1 Julio 2007 | 11:12 AM