La partida de un grande

En la foto van Fontanarrosa, Caloi y Quino tres genios del humor gráfico.
Esto es del Diario Clarín para el que trabajó desde el año 76, los invito a leer el texto completo y lo que otros dicen del Negro.
"Nos hizo reír. Mucho. A todos. Durante mucho tiempo.
Sólo por eso, deberíamos haberle colgado del pecho y las s
olapas las medallas al heroico valor en combates imposibles.
No intentemos colgárselas ahora que está muerto porque se nos va a reír en la cara. Y lo peor, con esa risa cargada de ironía que te calificaba para siempre como un pelotudo impenitente. Palabra ésta, la penúltima, que reivindicó la memorable tarde (para las letras) de noviembre de 2004 en la que cerró en Rosario el Congreso Internacional de la Lengua Española.
Ayer, a los 62 años, murió Roberto Fontanarrosa. Una enfermedad neurológica degenerativa, que entre otras cosas le impedía dibujar, le provocó una insuficiencia respiratoria.
Era un genio. Y era, además, una buena persona. No es común esa conjunción. Era un amigo fiel, amaba el fútbol, la música popular, la buena mesa, el lenguaje claro y el humor.
Sobre todo el humor. Incapaz de escatimarlo, nos lo regaló durante décadas en sus trazos inconfundibles e imborrables que ya son un pedazo de historia; en sus personajes entrañables, como el gaucho Inodoro Pereyra, el Renegáu, y su perro Mendieta, o despiadados, como Boogie, el Aceitoso, el mercenario que nació sin saber que la realidad iba a terminar por copiarlo.
Fontanarrosa había nacido en Rosario en 1944. Y allí pasó casi toda su vida, aferrado a las calles y al paisaje de su ciudad, sabedor que, como aseguraba Borges, la patria es el sitio donde uno ha transcurrido su juventud.
Fontanarrosa fue también escritor y periodista.
Esto es un fragmento de otro diario La Nación
Murió el humorista y escritor Roberto Fontanarrosa, el Negro, y en Rosario, su ciudad, las lágrimas destiñeron las risas.
Lo lloran su familia, sus amigos –los célebres y los de toda la vida–, sus colegas, sus lectores de aquí y de allá, los jóvenes que buscaban su autógrafo en cada ocasión pública. Lo lloran también sus vecinos, las amas de casa y los trabajadores de todas partes. Y los parroquianos del bar El Cairo, el histórico punto de encuentro con sus malas compañías, en palabras de su gran amigo Joan Manuel Serrat.
Decía de sí, con humor y sentido común: "De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro ".
Cuando sus amigos rescatan del Negro Fontanarrosa sobre todo su humildad y su completa ausencia de maldad, queda dicho que en su humanidad estuvo su mayor grandeza, más allá de su talento intuitivo para captar la cultura popular y esa espontánea naturalidad para hacer reír de manera ancha y franca a sus lectores.
Esto es del diarioPágina 12
...todos los años los cientos de personas que llenaban la sala más grande de la Feria del Libro, donde Fontanarrosa cumplía con una suerte de ritual, la mesa de humoristas que organizaba De la Flor. El tema era siempre más o menos el mismo: el humor y sus implicancias. El rosarino siempre llegaba con algo preparado, y aunque las dijera como al pasar, sus palabras dejaban picando grandes reflexiones. Decía que disfrutaba muchísimo de esas ferias, aun entre los apretujones de los pasillos repletos, y era fácil creerle, viendo el empeño que ponía en firmar un autógrafo tras otro, frente a una fila de lectores ansiosos que parecía ser siempre igual de larga. “Yo firmo lo que venga”, aseguraba, y contaba que había estampado las cosas más insólitas: papelitos, revistas, camisetas, libros de otro autor. Se tomaba el tiempo para agregar un Mendieta, un Inodoro, lo que el lector pidiera. Era su forma de devolver el cariño que recibía de sus lectores, que lo trataban con respeto y familiaridad a la vez. Como a un amigo.
En cierta medida, el Negro fue un símbolo de un país que alguna vez fue posible, uno de esos seres cuya existencia indican que quizá todavía puede ser posible. Un hombre que manejaba una cultura vastísima, capaz de hacer poesía con Central, o de hacer que la sociedad argentina se reconozca en sus personajes. Un hombre que trabajaba con la sencilla convicción de que podía hablarles a sus lectores de igual a igual, como a seres capaces de reflexionar y reírse con las mismas cosas que él. Por eso sus chistes y textos hacían sentir bien tratado al lector mientras se reía, algo que en estos tiempos de zanahorias para bobos se agradecía como una caricia. No son tantos los que quedan, y un ejemplo pueden ser Les Luthiers, con quienes no por nada el rosarino trabajó durante más de veinte años como asesor creativo.
Puse fragmentos de algunos diarios, pero la pena es en todo el país.
Acádejo algunos homenajes de otros dibujantes.
Sendra y su Matías diciendo la frase que caracteriza al perroMendieta, personaje de Fontanarrosa

Langer y su Nelly consolando a Don Inodoro Pereyra obra del Negro

El Gaturro de NIK acompaña en la pena al perro Mendieta de Fontanarrosa.

Daniel Paz dibujando este Mendieta tan querido, tan triste ahora, despidiendo a su creador, es una síntesis de la pena de todos.
Y termina de la mejor manera..., diciendo..., Gracias Maestro.

En estevideo, quien lo armó, puso homenajes hechos dibujos.



Felipe Gato dijo
...ahh!! que tristeza.... aunque soy un gatito, el Mendieta es tan entrañable que quisiera estar con él ahorita para aullar y maullar juntitos en honor de Fontanarrosa...
20 Julio 2007 | 11:18 PM