A esta altura creo que es indisimulable mi amor por la ciudad de Colón.

Amo su calle 12 de abril con sus comercios y donde se pueden ver casas como las de las fotos, frentes altos, sólidos, como los que supo haber en Palermo viejo Buenos Aires y algunos quedan en sus barrios.

Los autos van despacio por sus calles, no sentís temor de que te atropellen. La gente es amable pero muy orgullosa de su ciudad y la cuidan.

De a poco iré contando algo de su historia que extraje del libro Historia de San José y Colón de Celia Vernaz y Carlos Conte Grand.

Si miran las fotografías podrán ver sus azaleas enormes florecidas en Septiembre (yo mido 1,75 descalza). Su playa donde se puede disfrutar de sectores de arena y sectores de césped. El parque escolar Quiróz lugar para los chicos como no he visto en otro lado, con juegos, con árboles..., el sitio ideal para crecer y jugar usando la fantasía.

También verán su Teatro Centenario y la hermosa biblioteca FIAT LUX (hágase la luz).

Todo esto lo pensaron gentes del siglo 19 y lo fueron realizando desde entonces hasta el siglo 20 y hoy los coloneses lo mantienen.

Pueden ver a un perrito callejero al que le dan de comer los vecinos y que es un amor.

Y el interior de mi restaurante preferido “El Viejo Almacén” de Aldo Germanier.

Si van a Colón vayan ahí porque tiene sus paredes cubiertas de fotografías antiguas de la ciudad.

Se puede ver hasta el kiosco donde se hacían apuestas clandestinas atendido por la Morolacha, he incluso una curiosidad. Antes de iniciada la segunda guerra mundial había en la plaza un surtidor de combustible de uan empresa alemana y su símbolo era la cruz svástica que había reemplazado a la bandera, por supuesto fue retirado.

Pero queda el registro fotográfico.

Mi único pedido a los colonenses es que cuiden lo que tienen, que no dejen que les ocurra lo que a Buenos Aires…, que no permitan los asentamientos precarios, ni la usurpación de casas como pasó acá.

Que quien llegue a su ciudad lo haga con la posibilidad de acceder a una casa y un trabajo…, que no haya trabajo infantil, no permitan que nadie les robe la belleza, ni la tranquilidad de sus calles, que nadie les robe la maravilla de los chicos jugando en la vereda o en las plazas mientras los ”grandes” charlan entre si o descansan.

Eso se perdió acá.

Que nos les pase a Uds.

Podrán ver que también en las veredas hay bancos para que la gente se siente a charlar y una referencia hitorica muy interesante. Ahi funciona un registro civil, de los primeros en el país porque por la ascendencia de la población algunos no eran católicos y no registraban los nacimientos y defunciones en la iglesia.