El jardín interior
Hay una película que muestra un jardín secreto en el que unos niños se refugian y son felices…
Hay otra mucho más moderna en la que sus protagonistas se unen finalmente en un jardín diseñado por él.
Los jardines me atraen.
Hallo paz en ellos. Podría acostarme sobre el césped de cara al cielo y quedarme así mirando los pájaros volando sobre mi o alguna nube solitaria a la espera de que le de la forma que mi interior cree.
Este fin de semana me encontré con amigos. Y lo pasé muy bien, me reí muchísimo con esa risa que surge de la complicidad.
Uno de ellos en un momento nos empezó a contar como era eso de las afirmaciones pues venía a cuento de la historia de alguien.
Ya en casa buscando en mi ecléctica biblioteca encontré un libro que había comprado usado hacía tiempo y al que al final no le había dado bolilla.
Empecé a leerlo movida por la curiosidad de la charla del fin de semana.
Allí en uno de sus capítulos proponía crear el propio santuario interior.
Un lugar imaginario donde hallar paz. Y que debía tener todo lo que deseáramos.
Al leer estos párrafos solo pensaba en jardines…, arbustos, senderos de piedra, flores, árboles con hojas de distintos colores…, Allí en el centro de mi jardín una cascada de rocas dominaba el paisaje. Sentada en su borde metía mi mano en el agua clara y fresca.
Y el agua se llevaba mis preocupaciones de hoy.
El nódulo que me detectaron la semana pasada en un pecho ya no existe, ese que de tan escondido solo apareció por casualidad en un segundo estudio y por el que deberé hacerme un tercer estudio este martes y tal vez un cuarto después.
Ese que me sorprendió porque no lo esperaba. El mismo que me obliga a posponer cualquier búsqueda de maternidad. Y así el agua se lo llevaba y lo reciclaba, como se recicla todo lo malo hoy, como recicla la naturaleza cuando puede.
Y yo me sentaba luego bajo las azaleas a mirar el cielo. O la persona amada.
Servirán las afirmaciones? Servirán las oraciones? No lo sé, pero si se que alivian. Aligeran la carga, esa que no sé compartir porque no sé pedir ayuda.
Me sale más fácil escuchar y ayudar a otros. Pero me cuesta dejarme ayudar. Me cuesta decir “te necesito”, siento que no debo, que es como abusar del otro que también tiene problemas, crecí así.
Sintiendo que debía ser fuerte y sostener. Y cómo se hace para desaprender eso?
Tal vez me bañe en la cascada un día de calor, tal vez me siente a mirar las libélulas volar frente a mis ojos (amo esos insectos desde niña) o me acueste simplemente a disfrutar el césped y mirar el cielo en ese jardín interior que serena mi incertidumbre mientras me hago los estudios que restan y espero los resultados.
Lo bueno es que me siento serena.
Porque aunque no se pedir ayuda se que no estoy sola. Al menos el único que sabe lo que pasa es Sergio.
Y además aprendí a crear un jardín interior J
Esta canción la subí porque me gusta, y es mi grupo preferido de la adolescencia, imagínense ahora que tocan de nuevo!
No es autobiografica.
Solo me quedo con "no quiero pensar mil veces las mismas cosas..., ni contemplarlas sabiamente..., quiero que me traten suavemente"
Pero porque en mi trabajo es todo un caos y solo quiero refugiarme de el para tener tiempo para mi y para recuperarme;)







un-tipo-normal dijo
Solo espero y deseo que no exista ninguna mala hierba en tu jardin y toda salga como te meres, osea, muy bien.
Abrazos.
5 Noviembre 2007 | 09:33 AM