Espero este fin de semana recorrer los blogs amigos con tiempo y responder, no es que los olvide pero estoy tapada de labor.

Los dejo con un cuento y una ardilla muy especial. Muy bune finde a todos ¿Virshi ya habras tenido tu bebe? ya voy a visitarte.

Bruja ¿estas en Buenos Aires?

Julia espero que ya no haya "humo en tus ojos", aca por lo menos ya no llega...

El Crimen Perfecto
Anderson Imbert (arg)

Creí haber cometido el crimen perfecto. Perfecto el plan, perfecta su ejecución. Y para que nadie se encontrara el cadáver lo escondí donde a nadie se le ocurriera buscarlo: en un cementerio. Yo sabía que el convento de Santa Eulalia estaba desierto desde hacia años y que ya no había monjitas que enterrasen a monjitas en su cementerio. Cementerio blanco, bonito, hasta alegre con sus cipreses y paraísos a orillas del río. Las lápidas, todos iguales y ordenadas como canteros de jardín alrededor de una hermosa imagen de Jesucristo, lucían como si las mismas muertas se encargasen de mantenerlas limpias. Mi error: olvidé que mi victima había sido un furibundo ateo. Horrorizadas por el compañero de sepulcro que les acosté al lado, esa noche las muertas decidieron mudarse: cruzaron a nado el rió llevándose consigo las lápidas y arreglaron el cementerio en la otra orilla, con Jesucristo y todo. Al día siguiente los viajeros que iban por lancha al pueblo de Fray Bizco vieron a su derecha el cementerio que siempre habían visto a su izquierda. Por un instante, se les confundieron las manos y creyeron que estaban navegando en dirección contraria, como si de Fray Bizco, pero en seguida advirtieron que se trataba de una mudanza y dieron parte a las autoridades. Unos policías fueron a inspeccionar el sitio que antes ocupaba el cementerio y, cavando donde la tierra parecía recién removida, sacaron el cadáver (por eso, a la noche, las almas en pena de las monjitas, volvieron muy aliviadas, con el cementerio a cuestas) y de investigación en investigación... ; ¡bueno! El resto ya lo sabe usted, señor Juez.