A veces te amo y de a ratos te odio
Hay ocasiones en que luego de un día de trabajo, sentada a la mesa tomando una taza de té una mira al otro así, como sin querer y de pronto un rayo te cruza, una luz que te hace sentir que esa persona es LA persona para tu vida, recuerdos compartidos, luchas, logros, proyectos a futuro y así se confirma en tu alma que ese ser es el que esta destinado para vos.
Pero otras veces, cuando te has sentado a tomar esa misma taza de té pero después de haber corrido toda la jornada laboral, continuando la tarea en la casa para que parezca un lugar habitable y no una cueva de tigres, ese mismo acto de mirar al otro esta cargado de otro sentido. Ya no se agolpan imágenes amorosas, estas fueron desplazadas a empujones por los zapatos tirados por ahí, la ropa desparramada y mil detalles que alimentan la rabia, y ahí no se si llegas al borde del odio pero si al barrio de la furia.
Un intenso disgusto hace al aire más denso y la distancia más amplia entre los dos…, gajes del oficio de estar en pareja, o de ser mujer en esta rara liberación femenina que nos cargó de responsabilidades sin sacarnos las que ya teníamos…, pero escuchando a Jaime Sabines entiendo que a los hombres les pasa lo mismo. Delitense con él.
Un beso a todos.
Gaby
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío? .
Acá lo tienen recitado por Sabines, disfruten de este poeta mexicano, nacido en Chiapas mientras piensan en cuantos momentos de amor y de odio se compone nuestro día a día.
Besos en ambas mejillas.
Gaby





Benjamín Rivera dijo
Hola, cómo estás, espero que bien, a veces me pasa en este tipo de situaciones, bueno, te dejo, adios...
11 Septiembre 2008 | 01:20 AM