Ayer fue una noche distinta.

Descubrí otro mundo

Como si me hubiesen dado la contraseña de un lugar extraño, que estando a solo 10 cuadras de mi casa jamás había percibido.

Haciéndole la gamba a alguien fui a una milonga.

Allí baila casi todas las noches un conocido.

Fuimos un pequeño grupo y una amiga de otro trabajo también asistió.

Yo no sé bailar, pero quienes si lo saben bailaban que era imposible apartar la mirada de sus cuerpos moviéndose de manera tan sensual, abrazados, girando…, el guiándola por la pista, ella dejándose llevar.

Sus piernas se cruzan, sus brazos acercan, sostienen, guían…, es un baile donde es tan claro el rol de cada uno y a la vez tan pasional…, es una danza que da la sensación de arrebatar a quienes la practican de la realidad y transportarlos a otro mundo.

Hubo historias de amores contrariados, y otros que se querían iniciar. Extranjero hablando en francés, inglés, alemán…,

Al salir mientras iba a subir al taxi se acercó una joven inglesa y le preguntó a uno de los hombres del grupo como llegar a otra milonga cerca de ahí que yo también desconocía, el no solo la orientó sino que se ofreció a acompañarla. Y así se despidió del grupo.

Fue como haber ingresado como espectadora a un mundo distinto ubicado ahí nomas de donde vivo.

El salón que jamás identifique como un salón de baile estaba iluminada su entrada por velas, hubo como en todos estos sitios la pareja de bailarines profesionales que hicieron una danza que era todo una alegoría sobre la pareja.

Me gustó. Y me dejo una enseñanza.

Uno de los caballeros dijo “no hay que hablar cosas feas de los demás porque uno se vuelve feo”. Creo que tiene razón.

Hoy estoy invitada a encontrarme con otro grupo, unas ex egresadas de la escuela.

Ya vi a dos. Una igual a la época de estudiantes secundarias, la otra muy cambiada físicamente.

No voy a ir.

Sentí aquella vez que era mi pasado. Que no le hallaba sentido a recorrer aquellas calles. No para mí. Para otros estará bien.